Retrato de hoy

Entonces, ¿qué le pertenece al futuro?
Si la sonrisa natural que se imprimió en aquella foto
ahora forma parte de un cajón mal cerrado que sólo acumula polvo.

Si la chocolatada que me preparo los sábados a la tarde
(me niego a soltar este ritual)
ya no sabe como la hacía mamá.

Si jugar al poliladron perdió toda su gracia,
no somos capaces de distinguir quién es quién
porque ambos gatillan a matar.

Si el circo al que disfrutaba ir de chica
se redujo a una pantalla de 50 pulgadas
en las que sus payasos visten de traje y corbata
pero ya no provocan carcajadas.

Si soplar las velitas de la torta
no hacen más que recordarme que solo cumplo años
pero los deseos se siguen y se siguen amontonando.

Si cada vez que abro las ventanas
el sol pide permiso, se cuela tímido entre las rejas
que estorban y dificultan el paso tiranizando toda su elegancia.

Si las rosas que planté el otoño pasado
se secaron con el primer golpe de frío
y sucumbieron a la helada que arrasó con cada raíz naciente.

Si el nene que se divertía en la vereda
ahora vaga descalzo pidiendo monedas en el andén
para poder silenciar un rato el incesante alboroto que ejecuta su estómago.

Entonces, ¿qué le pertenece al futuro?
Si las fotos con mi sonrisa espontánea olvidadas en el cajón
no las puedo ver ni colgar en el corcho que tengo en la pared.
Me hablan de un tiempo demasiado lejano,
un tiempo que terminó,
un tiempo en el que mañana no le sigue al ayer
porque no estás más a mi lado en el retrato de hoy.

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